Javier Pineda: Amarillo Simpson

Javier Pineda, un español que trabaja en los Simpsons, y Mark Kirkland, el director más longevo de la serie, reconstruyen el proceso creativo de uno de los grandes fenómenos de la historia de la televisión americana

Javier Pineda, natural de Barcelona, dibuja fondos para Los Simpson.

Pablo Scarpellini. Los Angeles

En el mundo donde se da vida al sarcasmo de Homer Simpson y los suyos no hace falta vestirse de punta y blanco. Allí todo es bastante desenfadado. Mark Kirkland es una leyenda en ese edificio y da buena cuenta de ello, ataviado con unos vaqueros y una gorra, como si fuera un domingo de barbacoa y Budweiser. Eso pese a que no es un día cualquiera. Nada más saludar desde un despacho que comparte con uno de sus colaboradores más estrechos, reconoce que aunque el atuendo sea casual, está de aniversario: “Hoy hace 25 años que empecé a dirigir capítulos de Los Simpsons”.

Lo dice con timidez, con las manos metidas en los bolsillos y sin gesto alguno de alarde, como si tal cosa. Después se sienta y empieza a hablar de lo que ha significado el ser el director más longevo en la historia de Los Simpsons, la creación de Matt Groening que, como él en su trabajo, cumplirá 25 años en antena. Será el 17 de diciembre, 561 capítulos más tarde, con 27 Emmys en el zurrón y un largometraje en 2007 que logró recaudar 527 millones de dólares en todo el mundo.

Actualmente las cosas transcurren por la temporada 26, sin que nadie en ese edificio de Burbank (California), parte de la cadena de los estudios Fox para sacar adelante su creación, hable del final de la serie de mayor duración en la historia de la televisión americana. “Ahora estoy terminando un episodio que concluirá mis 25 temporadas dirigiendo en Los Simpsons”. Y, ¿que cómo se siente?. “Cansado”, dice Kirkland con una gran carcajada irónica.

Su cansancio, en realidad, es más pose que otra cosa. Por sus ojos transpira el orgullo de una carrera de impresión. “La verdad es que estos 25 años han sido un viaje fascinante y es difícil compararlo con nada más porque esta serie es una anomalía. Es una entre un millón y espero que sigan otros 25 años más”.

Unos metros más allá de su mesa está Javier Pineda, un dibujante español que también lleva lo suyo con Homer, Bart y compañía a cuestas, “15 años de darle sin descanso” y sin que cambie su discurso con el paso del tiempo, similar al de su director: “Ojalá que dure mucho más”. Pineda, un barcelonés de 44 años, es una pieza más en este meticuloso engranaje que cada año va dando forma a varios capítulos de “Los Simpsons”, con tantos encima que nunca se acuerda de los títulos.

“Me acuerdo de ellos por la historia, como uno que hicimos por el Mundial de Brasil, porque trabajé en un decorado u otro, pero del título no me acuerdo casi nunca”, admite sonriendo abiertamente mientras comparte con su compañera del cubículo de al lado. “Ella es italiana y dibuja personajes”, explica.

Son dos soldados de un ejército silencioso que cada seis meses —de media— ayudan a parir otro episodio, parte de una cadena en la que intervienen los guionistas del estudio central de Los Angeles, comandados por Al Jean, y una subdivisión en Seúl (Corea del Sur), los responsables de darle el color y los toques finales al producto.

Hoy es una rutina, un trabajo estable en una industria donde todos los días ruedan cabezas, donde los autónomos son la norma y las series nacen y mueren sin tiempo para lamentar las víctimas que dejan por el camino.

No deja de ser una ironía que ese concepto, hoy sólido como una roca, naciera de un relleno, de un encargo temporal para tapar un hueco. Se lo hizo el director y productor James L. Brooks al desconocido dibujante Matt Groening con la idea de que sirvieran de enganche antes y después de la pausa publicitaria del “The Tracey Ullman Show”, hoy extinto, parte de los anales de la televisión, como casi todo lo que empezó a emitirse en 1989.

En realidad, nada en su categoría ha resistido tanto tiempo, ni siquiera aquellos programas que mantuvieron la etiqueta de interminables en la conciencia colectiva del personal, series como “Bonanza” (14 temporadas) o “Dallas” (14) o incluso “Lassie” (19). “La casa de la pradera” se emitió durante ocho años y “Friends” durante 10, ni la mitad que lo que ha perdurado “Los Simpsons”, sin que haya señal alguna de crisis. “La energía para seguir adelante sigue estando”, explica Kirkland, feliz por lo vivido.

Pineda, el jefe de fondos del canal Fox, lo atribuye al hecho de que la gente con la que trabaja —y posiblemente él también en parte— “son niños en definitiva. Muchos tienen sus juguetes en la oficina, que de hecho es importante para este trabajo”, explica.

Es el único español de la oficina, emigrado desde Barcelona hace más de 20 años. “Me vine porque me gustaba dibujar, el típico que tenía los libros llenos de garabatos”, y acabó con 15 ofertas de trabajo el día que terminó sus estudios en CalArts, la universidad del sur de California que fundó Walt Disney en los años 70.

Ahora colabora estrechamente con Kirkland y otros de los directores de la serie —son 10 aproximadamente— para mantener el intenso ritmo de producción. “Trabajamos sobre un guión que nos pasan, y a partir de ahí hay que sacar los fondos, generalmente de las ideas que tienes en la cabeza o si no, de internet”. Y a la vieja usanza, a mano, con un lápiz electrónico y un ordenador que se asemeja a una mesa de dibujo.

Pineda no sabe ponerle un número a la cantidad de bocetos que hace al día, pero Kirkland habla de entre 20.000 y 30.000 dibujos por episodio entre toda su gente, un proceso único en su industria.

“La mayoría de los shows que empiezan hoy en día no se pueden permitir un lujo como el nuestro”, ratifica. “La economía ha forzado a los nuevos estudios a hacer todo el proceso de forma digital. Quiero decir, que nadie tiene una orquesta de 33 miembros a su servicio. Nosotros tenemos el apoyo de los espectadores y por eso tenemos dinero para mantener el toque humano, para poder dibujar, lo cual es fabuloso”.

Es un proceso que empieza con un guión estándar, “muy al estilo Hollywood”, describe Kirkland. En total calcula que hay un equipo de unas 25 personas que coordina el hombre que maneja el show, Al Jean. Tras darle forma, invitan a los actores que dan vida a los personajes para que lo lean. Kirkland se refiere a leyendas como Dan Castellaneta, responsable de dar vida a Homer desde el principio; o Nancy Cartwright, la peculiar voz de Bart, o Julie Kavner (Marge Simpson) y Yeardley Smith (Lisa).

“De ahí surgen reacciones para detectar lo que en realidad es divertido y lo que no lo es tanto. Luego se reescribe para añadirle las correcciones y los matices”, indica el director estadounidense, hijo del prominente fotógrafo canadiense Douglas Kirkland.

Después comienza el proceso de grabación con los actores, que tras años metidos en el ajo, son capaces de liquidarlo en media jornada de trabajo.

Todo ello para un concepto que provocó ira en sus primeros años por la burla abierta a los valores disfuncionales de la familia tradicional americana. “Durante años tuvimos la reputación de ser un tanto vulgares”. Ahora, sin embargo los tiempos han cambiado y Homer es un símbolo. Una serie inolvidable.

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