“La primera vez que pude leer me eché a llorar”

Cristina Mirón está aprendiendo gramática y matemáticas en el Centro Latino.

Para aprender a leer y escribir sólo se necesitan cuatro meses y ganas de superación. El Centro Latino for Literacy ha conseguido que miles de adultos hispanos en Los Angeles dejen atrás el estigma de ser analfabeto.

Llegar a los 30 y no poder rellenar una solicitud de empleo, leer el nombre de una calle o firmar un simple documento es lo que le sucede al millón y medio de adultos hispanos que viven en este país. Doscientos mil viven en el Condado de Los Angeles.

Afortunadamente existen organizaciones no lucrativas como el Centro Latino for Literacy, que desde hace 21 años llevan enseñando a leer y a escribir de forma gratuita, a todos aquellos latinos dispuestos a borrar de sus vidas el estigma del analfabetismo.

Antonio Pineda, un salvadoreño de 32 años que trabaja en el mantenimiento de edificios, conoce muy bien las dificultades y humillaciones derivadas de no saber leer ni escribir.  “Cuando fui a aplicar a un trabajo para la construcción, una persona que vio que no sabía leer me dijo que yo no era nadie y que me fuera al campo. A partir de ahí decidí no contarle a nadie que era analfabeto”.

Pero desde hace cuatro meses la situación de Antonio es muy distinta. Comenzó en el programa “Leamos” del Centro Latino, y todavía no puede creer que en tan poco tiempo sea capaz de rellenar las formas del trabajo y ayudar a su hijo de siete años a hacer la tarea de la escuela.

“La primera vez que pude leer una orden de uno de los inquilinos me fui a la bodega y lloré.  Ahora me desespero por venir a las clases y seguir avanzando, ya que mi mayor anhelo es aprender inglés”.

Y es que como dice Mari Riddle, la directora ejecutiva del Centro Latino, esa sigue siendo la meta principal de la mayoría de los alumnos del centro. “Una vez que se han graduado de nuestro programa ‘Listos’, su nivel, equivalente a un tercer o cuarto grado, les permite comenzar con las clases de inglés o ESL (English as a Second Language) que es lo realmente te abre las puertas a un trabajo mejor, y por ende a una vida mejor”.

Ese es precisamente el objetivo de Rosa Jerónimo, una guatemalteca que también ha pasado lo suyo antes de lograr lo que al principio le parecía a todas luces imposible. Tras llevar once años trabajando como empleada del hogar en Estados Unidos, un día sus cinco hijas decidieron que ya era hora de que su madre se dedicara un poco de tiempo a sí misma y aprendiera a leer.

“Yo no sabía naditita, ni la o ni la a, ni nada, así es que pensé que a mis 46 años no iba a ser capaz. Fueron mis hijas las que me animaron a venir porque querían que las ayudase con las tareas escolares”. Ahora, Rosa cuenta con humor que gracias a que sabe leer y escribir “mis hijas ya no me pueden engañar con las notas de la escuela como hacían antes. Y además ahora no me da pena ir a hablar con su profesor”.

El Centro Latino for Literacy ha logrado sacar del analfabetismo a más de 12,000 adultos hispanos en la ciudad de Los Angeles.

Como la mayoría de los estudiantes del centro, Rosa quiere aprovechar su nueva situación para conseguir un mejor trabajo y aprender inglés. “Mis empleadores no sabían que yo era analfabeta, así es que era muy frustrante cuando me dejaban notas y no entendía lo que ponía. Pero me lo propuse y lo he conseguido. Ahora voy a luchar por aprender inglés”.

En el aula de al lado se sienta Cristina Mirón, una mexicana que destaca por su carácter vivaracho y despierto.  “A mí nadie me apuntó ni me dijo que viniera, vine yo solita cansada de no entender bien el español y de necesitar la ayuda de una de mis hijas para todo”.

Cristina es alumna de “Listos”, un programa para los que ya saben lo básico y en donde está aprendiendo gramática, matemáticas y educación financiera. “Yo estoy tan motivada con estas clases que quiero sacarme la primaria y quién sabe si la secundaria. Nunca es tarde para aprender”, afirma con orgullo esta mujer de 49 años.

Tampoco lo es para mejorar la autoestima y demostrarse a sí mismo que “ser analfabeto no significa ser ignorante”, afirma Mari Riddle. “Yo les digo que es más bien al contrario, porque hay gente que se recorre la ciudad de Los Angeles sin saber leer ni escribir ni entender nada de matemáticas, algo bastante impresionante si te pones a pensarlo”.

Mari Riddle continúa contando con orgullo la labor tan increíble que se ha hecho desde el Centro Latino en las dos últimas décadas, consiguiendo sacar del analfabetismo a más de 12,000 adultos hispanos en la ciudad de Los Angeles. “Lo que realmente me emociona es cuando los alumnos me dicen que aprender a leer es como dejar de ser ciego y que hasta ahora parecía que llevaban una venda en los ojos. De repente pueden contar el dinero de la caja de su propio negocio, tomar medidas en el caso de las costureras o firmar el Fedex”.

Gracias a este centro los sueños de muchos ya se han cumplido. Este es el caso de  Antonio, Rosa y Cristina, cuyas historias son testimonio de un ‘regreso a clases’ muy particular, uno que no aparece en los medios de comunicación y que no necesita de grandes útiles escolares, pero que es esencial para que miles de latinos puedan progresar en este país. Habrá que seguir trabajando porque como dice Mari Riddle “todavía queda mucho por hacer”.

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