Lance Armstrong se confiesa

lance armstrong admite dopajeEl ciclista texano aceptó su culpabilidad después de años de negar que se había dopado, situación que le costó pérdidas irreparables para quien fue considerado un héroe del deporte a nivel mundial

Fran de León. Los Angeles

La periodista Oprah Winfrey tuvo la primicia. Ante ella y las cámaras, Lance Armstrong apareció para decir su verdad y de paso confesar haberse dopado en su época de ciclista, durante la cual logró la hazaña de ganar siete títulos del Tour de Francia de forma consecutiva.

El nacido en Plano, Texas, se convirtió en una leyenda, en un ejemplo de perseverancia y también de vida. Además de consagrarse como el rey del pedal logró superar un agresivo cáncer testicular que le detectaron en 1996. La gloria lo esperaba. Desde 1999 al 2005 hizo suya la carrera ciclista más notable del mundo.

Los premios y los patrocinios llegaron como cascada. Se convirtió en un héroe de carne y hueso. Una fuente de motivación para millones de personas. Al frente de su fundación para la lucha contra el cáncer se mantuvo en la cúspide aún después de retirarse como deportista activo.

Pero una nube negra se cernió sobre su carrera. La tormenta lo alcanzaría tarde o temprano. La mancha del dopaje puso en duda sus triunfos. El lo negó durante años mientras las pruebas se hacían más contundentes. Desde 2004 comenzaron las acusaciones.

Finalmente, en agosto del año pasado la organización antidopaje estadounidense (USADA) lo sancionó de por vida y le quitó todas sus victorias, sus siete títulos del Tour de Francia. El gigante se derrumbaba. Los distintos organismos que lo apoyaron económicamente y que lo premiaron exigen una restitución. Son muchos millones. También dio un paso al costado como titular de la fundación de la pulsera amarilla.

Ha sido una prueba más dura que su lucha contra el cáncer. Armstrong, de 41 años busca la redención y el primer paso es admitir la falta. Dicen que si confiesa bajo juramento todo lo que sabe sobre las actividades del dopaje podría ayudar a que consideren las sanciones que lo han excluido de cualquier actividad deportiva, y así poder volver a los triatlones, lo que venía haciendo desde su retiro del ciclismo.

El texano está pagando caro por haber hecho trampa y por haber mentido. Sólo le queda restaurar un poco el daño que su comportamiento ha ocasionado. Se lo debe a él mismo y a millones de personas que lo veían como un héroe. De paso puede hacer mucho para destapar una cloaca que involucra a otros ciclistas, a entrenadores, a médicos y a funcionarios que se han aprovechado de métodos chuecos y bien elaborados para ganar fama y dinero.

Su confesión es el primer paso a la redención. No le queda de otra a un deportista que lo ganó todo y que de la noche a la mañana se quedó con las manos vacías. Una dura lección de que el que la hace, la paga.

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