404 “No tengo tiempo para el pesimismo” - Pau Donés - El Punto Semanal

“No tengo tiempo para el pesimismo” – Pau Donés

Pau Donés es la cara de Jarabe de Palo desde hace 18 años, un músico con ganas de triunfar que be a los hispanos como el futuro para su banda

Pau dones de jarabe de palo

Pablo Scarpellini. Los Angeles

Los tiempos y las situaciones han cambiado. Podría ser la letra de un bolero o en este caso, el sino de Jarabe de Palo, una banda que ha sabido acostumbrarse a ese movimiento de placas tectónicas que ha sacudido el mundo de la música en la última década. Dieciocho años han pasado desde que sonara “La flaca” por primera vez como excusa de una campaña publicitaria para Ducados, la marca de tabaco negro española, y el público aún la acepta como parte de su historia de juventud, acompañada por temas de otros nueve discos —”Agua”, “Depende”, “Bonito”, por citar algunos— que le han ayudado a mantenerse en la pomada.

Y no es solo porque lo diga convencido Pau Donés, el líder y alma de la formación catalana. Lo atestiguan las nominaciones a los tres Latin Grammys que les concedieron hace dos meses en Las Vegas —“Nunca nos habían dado tantas por un solo disco”, confirma— y las salas que han logrado llenar en Estados Unidos y América Latina en el último tramo del año que se apaga.

Su gira, de la mano de su trabajo “¿Y ahora qué hacemos?”, ha concluir hace pocas semanas tras darse baños de popularidad en Nueva York, Bogotá, Los Angeles, El Salvador, Guatemala, Guayaquil o San Francisco. Por eso dice que están más vivos que nunca, que no tiene tiempo para sumirse en la corriente negativa que azota Europa y que el futuro pasa por aquí, por el continente americano. “En España simplemente no hay curro”.

Lo cuenta mientras se toma una cerveza en un restaurante mexicano de Los Angeles, una de las ciudades de acogida de un “ciudadano del mundo”, todavía “impresionado” por la gente que les sigue, los que aún cantan a pleno pulmón “El lado oscuro” o “Grita”, un éxito perdurable en el tiempo que a sus 48 años está dispuesto a seguir disfrutando, sin importar la crisis que atraviesa la industria, el mundo que conoció de joven y que ya casi ha dejado de existir.

¿Reconoce todo este tinglado después de casi 20 años de carrera musical?
Pues no mucho. Las cosas han cambiado de forma dramática en España y la visión ahora pasa por América y en concreto por el mercado hispano de Estados Unidos.

En España no hay curro (trabajo) y los ayuntamientos no tienen dinero. Ya no hay fiestas mayores que valgan porque nos hemos cargado la empresa privada. La solución está en América, donde hay mercado. Muchos españoles se han venido a América porque el futuro está aquí.

¿Más EEUU que América, el territorio más fértil para bandas españolas en las últimas décadas?
En Estados Unidos tú vales lo que generas. Hay 320 millones de personas y muchos de ellos latinos. A nivel de negocio es donde está el asunto más potente porque creo que los gringos que se han dado cuenta de que el latino es un buen cliente, que también hay rock además de bachata o salsa. Así que ahora volvemos a viajar por carretera, encantados, tocando en clubs en el país donde se inventó el Rock & Roll. Y eso es una pasada. Hemos tocado en sitios donde antes pasaron Nirvana o Jimmy Hendrix.

¿No le pesa la constante crítica contra los estadounidenses?
Me hace mucha gracia la clásica pose del español. ¡Pero si nosotros somos lo más chovinista que existe! Es cierto que España para vivir es genial, pero para todo lo demás, es mejor estar en otro lado. Ni para la música, ni para el cine, ni para el arte. Aquí triunfa gente como Pedro Almodóvar, Plácido Domingo o Valentín Fuster porque aquí están bien organizados y valoran el talento.

En su nuevo disco habla con cierta ironía de las buenas noticias. ¿Se han acabado en medio de esta oleada de corrupción imparable en España?
No, para nada. No podemos caer en el desánimo en el que, por otra parte, deberíamos vivir permanentemente. En España hemos vivido 10 años cojonudos, pero en lugar de hacer grandes cosas esta gente, la raza política, se ha dedicado a robar a manos abiertas. Lo peor es que encima no pasa nada.

¿Le resultó difícil esquivar la cuestión en su último disco?
No quería entrar al saco pero era inevitable mencionarlo. Supongo que es porque soy un bocazas y por el compromiso con el mundo en el que vivo.

Nueve discos lleva ya a cuestas a sus 48 años. ¿Hay desgaste musical en este ecosistema de supervivencia?
Mi ecosistema es otro. Soy un ciudadano del mundo y por eso alimento mi creatividad y escribo canciones. Me gusta ser popular, respetado, valorado, y a partir de ahí no tengo una frontera. Siento que Jarabe de Palo es una banda internacional. No tengo tiempo para el pesimismo. Gustaremos más o menos, por lo que hacemos lo hacemos bien.

¿Le pesa el síndrome de ‘La Flaca’?
Es el síndrome “Let it be” o el de “Born in the USA”. Los artistas tenemos un antes y un después y eso lo marca una canción. Pasas de ser desconocido a ser popular. Pero estamos contentos porque 18 años después de “La Flaca” seguimos siendo un grupo con una cierta vigencia. Romper ese estigma no es tan fácil, pero nosotros lo rompimos.

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