Tijuana, ciudad de ley y orden

 

Tijuana policia

La ciudad fronteriza se está sacudiendo el estigma del terror instaurado por los cárteles de la droga hace 5 años, una historia de progreso y revitalización económica

La sensación de seguridad en la Avenida Revolución dista de ser apabullante. Según va cayendo la tarde de un domingo de octubre, el movimiento en las calles pierde volumen y la ausencia de turistas invita a moverse hacia otra parte. Es una de sus arterias principales y el símbolo de lo que fue una juerga sostenida para los gringos del otro lado, ávidos de tequila y distracción en el país vecino.

Hoy todavía quedan las discotecas y los reclamos a diestro y siniestro para comer y beber invadiendo la madrugada, pero cuesta encontrar al visitante estadounidense, al turista de chanclas y pantalón corto rematando un fin de semana en la ciudad norteña. Hay, sin embargo, mucha más tranquilidad que antes. Dicen los locales que algo ha cambiado en Tijuana, una urbe gigante, con claros visos de estar floreciendo para desterrar la imagen de la ciudad sin ley que era hace tan solo seis años.

Fue a finales de 2007, cuando comenzó el declive del reinado de la familia Arellano Félix y su cartel de droga, un espacio que dio paso a una guerra encarnizada por el control de la frontera. Los cadáveres se amontonaban en las calles, con nombres que se hicieron célebres al calor de sus crímenes medievales. Tipos como “El pozolero”, que se ganó el apodo por disolver los cuerpos de sus más de 300 víctimas en barriles con ácido, como una especie de guiso macabro.

“Ahora se puede caminar por el centro de la ciudad sin problemas”, dice Camila Dueñas, una joven colombiana de 21 años que se mudó con sus padres hace más de una década. “Antes era impensable, en gran parte por la crisis económica que azotó la ciudad desde EEUU”.

Dueñas, que forma parte de una empresa que comparte espacio con emprendedores y nuevos empresarios, Hub Station, dice que el cambio es “impresionante” tanto en materia de seguridad ciudadana como en el aspecto económico. El descenso del 31 por ciento en los crímenes en solo tres años —de 2008 a 2011— se atribuye de forma generalizada a la estrategia militar del teniente coronel Julián Leyzaola, que se hizo cargo de la policía local.

Y en materia financiera, Dueñas habla del movimiento gastronómico que ha surgido en la zona del río, —a escasa distancia de la frontera de San Ysidro—, de la política de reactivar espacios como el suyo que está cambiando el centro, y de los congresos y convenciones que están atrayendo talento extranjero y del resto del país hacia Tijuana.

La muestra más palpable la encarna la que acaba de clausurar hace unos días, “Tijuana Innovadora”, que contó con invitados como el chef español José Andrés o el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. “Es obvio que Tijuana está respondiendo con energía y creatividad a las críticas”, asegura José Galicot, el presidente del Congreso. “Es una ciudad que lucha, que exporta 120 millones de dólares diarios, aunque no siempre se reconozca del todo el esfuerzo que estamos haciendo. Yo tomo ventaja de los dos mundos”.

Esos dos mundos que constituyen San Diego y Tijuana representarían la decimotercera economía a nivel mundial si fuesen un estado independiente. Eso pese al desconocimiento de una parte hacia la otra, del temor que según Luis Maizel, economista y fundador de LM Capital Group, existe en San Diego a la hora de cruzar la frontera.

De acuerdo a un estudio que citó en su ponencia, solo un 9 por ciento de los habitantes del condado de San Diego conocen la ciudad fronteriza, anclados en la idea de que Tijuana “es sinónimo de beber cerveza en la Avenida Revolución o que te van a pegar un tiro en la cabeza. Es una visión distorsionada de la realidad”.

Maizel cree que es una sensación agrandada por la actitud despótica de los agentes de aduanas estadounidenses. “Parece que nos hacen un favor al dejarnos entrar en EEUU. Deberían estar contentos porque venimos a generar riqueza”, un bienestar espoleado por las masas de inmigrantes mexicanos que culminaron en Tijuana su sueño americano, atrapados en la frontera y que se terminaron quedando y generando puestos de empleo.

Ahora las salidas son diversas, no solo con el turismo que viaja hacia ciudades costeras como Rosarito o Ensenada, sino a través del núcleo tecnológico que está surgiendo en la ciudad, además de la tradicional industria de la maquila o el resurgir del turismo médico.

También se buscan policías, probablemente la profesión más temida en el lugar hace un lustro. Después, se implementaron nuevas políticas de seguridad y el panorama comenzó a cambiar. Eso dice Joaquín Cisneros Flores, un policía local que certifica que antes, dedicarse a lo suyo era coquetear con la muerte.

“Cuando se detenía a una persona importante, iban a tu casa a matarte. Se cazaban policías”, explica vestido con su uniforme oficial más brillante y gafas de sol. “Nos mataban para meternos miedo, pero ahora la gente confía más en nosotros. Está cambiando la cultura”.

Tomará tiempo, sin embargo. Basta con escuchar a Saúl, un niño de 10 años del colegio La Joya, que dice cuando le preguntan por los bomberos, que son “los que se encargan de recoger a gente muerta”. Es un proceso lento de recuperación, una historia de progreso en marcha, algo palpable.

 

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