404 Valiente en la lucha y en los negocios

Valiente en la lucha y en los negocios

el hijo del perro aguayo

El Hijo del Perro Aguayo era luchador y promotor en una profesiA?n donde se expone la vida arriba del ring

Pepe Penales. Los Angeles

Pedro Aguayo RamAi??rez, un nombre y apellido que pesa en la lucha libre mexicana. El padre, el ai???Can de NochistlA?nai???, el Perro Aguayo, una leyenda viva del pancracio azteca que no tuvo el glamour de las estrellas enmascaradas pero que se ganA? el respeto y la fama por su fiereza, su valentAi??a, sus peludas botas de combate y su cara llena de cicatrices que le daban un aspecto todavAi??a mA?s feroz.

El jA?nior le heredA? el nombre y la valentAi??a. El ai???Perritoai??? debutA? a los 15 aAi??os. Su destino estaba trazado para vivirlo arriba de la tarima. Lo llevaba en la sangre. 20 aAi??os de practicar una disciplina entre deporte y entretenimiento, pero donde sus participantes se juegan la vida ademA?s de las mA?scaras y las cabelleras. ai???En la lucha te rifas el fAi??sico al mA?ximo. Expones la vidaai???, dijo el experto comentarista deportivo Alfonso Morales en una entrevista para ESPN.

Todo acabA? para el luchador de 35 aAi??os. Una lesiA?n en las cervicales terminA? con su vida. Son gajes del oficio. Rey Misterio Jr. no es el culpable. Tal vez la empresa promotora que organizA? la lucha en Tijuana al no tener listo al personal mAi??dico en caso de emergencia, algo que no debe fallar en este deporte de contacto ininterrumpido.

Era un perro sin dueAi??o. Se cansA? de las cadenas de las grandes empresas. Se hizo independiente y formA? su propia promotora bajo el nombre de ai???Producciones Los Perros del Malai???. Trabajaba sin ataduras, donde Ai??l querAi??a y sin rendirle cuentas a nadie. Y le iba bien, llegA? a reclutar a varios gladiadores, organizA? varios eventos. HacAi??a lo que querAi??a y para lo que habAi??a nacido. Era un luchador nato, incluso ganA?ndole un mano a mano al temible cA?ncer que lo retA? en el 2011. Valiente en la lucha, en los negocios y en la vida.

AsAi?? es la vida de los luchadores, con patadas voladoras, candados y llaves en horas de trabajo, pero enfrentA?ndose a los enemigos comunes de la cotidianidad. La gente los ovaciona y los quiere, pero tambiAi??n los odia y los insulta. Es parte del negocio, y mientras los de las butacas se embuchacan una cerveza y una torta y se emocionan con los lances, las luces, las mA?scaras y las cabriolas, los rudos y los tAi??cnicos se juegan mA?s que la integridad fAi??sica; pero no importa, de eso viven, de eso se nutren sus trabajados cuerpos. Hay que pagar derecho de piso para ver mejores escenarios, para alternar con las grandes figuras, para ser el Ai??dolo de las multitudes. El Hijo del Perro Aguayo ya formaba parte de este cAi??rculo de ganadores y ya estaba abriendo camino para las nuevas generaciones.

La lucha libre estA? de luto. La gran familia de los costalazos y piquetes de ojos fue solidaria. Guadalajara recibiA? el cuerpo de un guerrero caAi??do donde quedarA? para el recuerdo. VendrA?n las medidas para extremar precauciones, se harA?n canciones en honor al ai???Perritoai???, se organizarA?n homenajes en su nombre, se multiplicarA?n los dedos acusadores, pero lo cierto es que el cachorro ya no estarA? arriba del ring, se habrA? convertido en un recuerdo que con el tiempo volverA? a ser mencionado cuando la tragedia ocurra otra vez.

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